Seguro habrás escuchado hablar de la cadena alimenticia, una especie de pirámide en la que los organismos que están más alto depredan a los más bajos. Así, en los puestos más bajos está la vegetación, de la cual se alimentan los herbívoros, y en los puestos más altos siempre se encuentra a un superdepredador como el león, el jaguar o la orca, que se alimenta de otros miembros de la cadena y no tiene depredadores naturales.

Esta idea que muchos conocemos intuitivamente en realidad esconde una historia que se ha contado a lo largo de varias décadas, y que ha cambiado mucho de lo que los biólogos creían saber sobre las relaciones entre las especies de un ecosistema.

El centro de esta teoría está en el término especie clave. El primero en usar el término fue el zoólogo Robet T. Paine. En uno de sus artículos indicó que una especie clave es un depredador que tiene una influencia desproporcionada en su ecosistema en relación con su abundancia.

Dicho de manera sencilla, es una especie que, a pesar de ser relativamente escasa en números, juega un papel irreemplazable en el equilibrio del ecosistema.

¿Como controlan el equilibrio natural?

Siguiendo la idea de la cadena alimenticia, una especie clave es un depredador que evita que una especie herbívora elimine a las especies de plantas dominantes. Esto significa que si los depredadores desaparecieran del ecosistema, las presas herbívoras se reproducirían sin control y eliminarían las plantas dominantes, alterando drásticamente el carácter del ecosistema.

Si el número de presas es bajo, los depredadores pueden ser aún menos abundantes y aún ser efectivos en su capacidad para equilibrar el ecosistema.

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Los experimentos realizados por Paine en los 60 y los de otros investigadores demuestran que algunas especies son más importantes que otras para mantener saludable a un ecosistema. De hecho, las especies que no forman parte directa del ciclo de plantas dominantes, herbívoros y depredadores pueden desaparecer por completo y el ecosistema seguiría funcionando normalmente.

¿Como se descubrió este sistema?

Durante los 60, Paine decidió experimentar con su teoría, pero en vista de que no era posible retirar a los leones de su ecosistema para ver cómo este se desarrollaba sin un depredador, dedicó su atención al noroeste de Estados Unidos.

Allí, en el estado de Washington, encontró unas pozas en las que vivían unas 15 especies de organismos, gasterópodos carnívoros alimentándose de percebes, erizos de mar alimentándose de algas, y en la cima de la cadena alimenticia, estrellas de mar depredadoras.

Paine sacó las estrellas de una de las pozas pero no de otra y durante meses observó que en las pozas sin estrellas los mejillones empezaron a multiplicarse, mientras que otras especies fueron desapareciendo.

Al cabo de unos años, en las pozas sin estrellas todas las especies desaparecieron excepto por los mejillones: el depredador es la clave del sistema que previene que las especies herbívoras se multipliquen sin control.

Con el paso de las décadas, otros investigadores confirmaron la veracidad de las investigaciones de Paine.

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Los pumas equilibran los altiplanos argentinos.

Más confirmaciones

El ecólogo marino Jim Estes encontró los mismos resultados en un ecosistema de algas marinas en la isla Amchitka de Alaska: cuando las orcas invadieron el ecosistema y empezaron a alimentarse de las nutrias (que eran el depredador hasta ese momento), los erizos de mar acabaron por completo con las algas.

En arroyos Oklahoma, Estados Unidos, la investigadora Mary Power encontró resultados similares. Esta vez la especie clave era la perca atruchada, que controlaba el crecimiento de plantas submarinas.

Otra investigación en el lago Guri de Venezuela por parte del ecólogo John Terborgh. El lago fue creado con la construcción de la represa Guri, creando islas habitadas por hormigas y vegetación. Las hormigas cortadoras de hojas se habían reproducido sin control dada la ausencia de hormigas guerreras, así que se habían alimentado de las hojas de los árboles una y otra vez hasta matarlos.

La conclusión: la falta del depredador siempre lleva a la destrucción del ecosistema.

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Los desechos de ñu revitalizaron el Serengueti (Shutterstock).

hebrívoros como especies clave

Otras investigaciones posteriores determinaron que la especie clave también podría ser un hervíboro y no solo un depredador, como el caso del ñu en el parque nacional Serengueti, en Tanzania.

El científico Tony Sinclair descubrió que la población de esta especie explotó, lo que habría causado que la cobertura vegetal desapareciera, pero en realidad sucedió lo contrario: su estiércol nutre el suelo y permite la regeneración de los árboles y arbustos, reponiendo al ecosistema en solo unos años.

La clave entonces era no necesariamente un depredador, sino una especie que equilibre de alguna manera el funcionamiento del ecosistema, nivelando la destrucción vegetal y permitiendo que el ambiente florezca por sí solo.

En los altiplanos de Argentina, por ejemplo, son los pumas, cuya presencia garantiza que la hierba crezca y cree un hábitat para todo tipo de criaturas. En el parque nacional de Yellowstone, en Estados Unidos, son los lobos, que al depredar a los venados protegen a los bosques de la deforestación que causarían por sí solos.

Las especies clave están en todos lados, y los expertos creen que entender cuál es la especie clave de cada ecosistema puede ser extremadamente importante para regenerar los paisajes degradados del mundo.