los DEFENSORES DE BALLENAS EN LA ANTÁRTIDA

En 2008, Animal Planet estrenó Whale Wars, una serie-reality conocida en español como Defensores de Ballenas. Fue así como gran parte del público conoció a Sea Shepherd, la organización protagonista: durante siete temporadas, el programa siguió la lucha de tripulaciones de voluntarios para detener la caería ilegal de ballenas por parte de Japón en las aguas del Santuario Ballenero Austral, en la Antártida.

Año tras año, Sea Shepherd siguió a las embarcaciones ilegales japonesas para documentar y exponer estas matanzas. En 2014, la Corte Internacional de La Haya confirmó las denuncias de la organización: a pesar de los pretextos de Japón de estar cazando con objetivos científicos, se trataba de una cacería con fines comerciales, y tenían que detenerse inmediatamente. Más tarde, en 2019, Japón abandonó la Comisión Ballenera Internacional y, aunque continúa cazando en sus aguas territoriales, anunció el fin de su programa ballenero en la Antártida.

Pero la caza de ballenas no es el único problema que los océanos enfrentan hoy, y el trabajo de esta organización está lejos de haber terminado.

Como dice su página oficial, Sea Shepherd es una organización global de acción directa, enfocado en la conservación de los ecosistemas marinos. Fue fundada en 1977 por Paul Watson, y ha llegado a tener presencia en más de 20 países. Se trata de un movimiento internacional, conformado por capítulos dependientes, establecidos alrededor del mundo, con tripulaciones de voluntarios que operan tanto embarcadas como en tierra. Hoy, la flota internacional de Sea Shepherd cuenta con 12 barcos, además de una variedad de embarcaciones pequeñas.

Uno de los ejes principales de Sea Shepherd es el de hacer cumplir normativas legales en lugares donde las autoridades no siempre se hacen presentes. Así es que, por un lado, la organización cuenta con campañas dirigidas a exponer actividades ilegales en alta mar, y otras que buscan potenciar lazos de colaboración con gobiernos locales, para poder asistirlos tanto en el cumplimiento del ordenamiento jurídico local, como en materias de fiscalización.

EL PROBLEMA DE LA PESCA

Hoy en día, uno de los mayores motivos de preocupación es la sobreexplotación de los mares a través de la industria pesquera. Se estima que entre 11 y 16 millones de toneladas de la pesca global provienen de capturas ilegales de buques no registrados que operan por fuera de la ley, ya sea en alta mar o en aguas costeras. Esta es de las mayores causas de contaminación oceánica, y es culpable de numerosas amenazas que ponen en riesgo la supervivencia de la biodiversidad marina. Por eso, en los últimos años, las campañas de Sea Shepherd se han enfocado, principalmente, en abordar esta problemática.

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A finales de 2014 se lanzó la Operación Icefish, una campaña en alta mar que terminó con las actividades de toda una flota de pesqueros ilegales, “los Seis Bandidos”. Durante diez años, esta flota evadió la ley cambiando regularmente los nombres de sus buques y operando en las aguas lejanas de la Antártida, donde esconderse no es difícil.

Estos seis bandidos buscaban principalmente merluzas negras (Dissostichus eleginoides), una especie exclusivamente antártica, de aguas muy profundas y reproducción lenta. Esto último pone en jaque su supervivencia, si es cazada en exceso. Buques ilegales como los de la flota de los Seis Bandidos, que operan sin regulación, superan los límites de lo que podría ser una industria sustentable, y se convierten en una que está diezmando las poblaciones marinas.

Créditos: Sea Shepherd Global.

La Operación Icefish fue un rotundo éxito: para el 2016, los seis barcos ilegales habían sido detenidos por autoridades internacionales, gracias, en gran parte, a la presencia y evidencia recolectada por Sea Shepherd. Además, esta dejó en evidencia otra de los grandes peligros de la pesca ilegal: las tripulaciones del M/V Sam Simon y el M/V Bob Barker recogieron kilómetros de redes de enmalle abandonadas, que, al ser de plástico, permanecen por años en el océano, y atrapan a cuanto animal se cruce en su camino.

Al obrar por fuera de la ley, los pesqueros ilegales utilizan, muchas veces, métodos prohibidos por el riesgo que representan para el ambiente. Tal es el caso de las redes de enmalle o de “deriva”, como las recogidas durante la Operación Icefish, ilegales si superan los dos kilómetros de longitud: miles de animales, desde tortugas marinas hasta ballenas, mueren año a año atrapadas en ellas. Estas capturas se conocen como bycatch, o “pesca incidental”.

Uno de los casos más emblemáticos es el de la vaquita marina, un pequeño cetáceo en peligro crítico de extinción: su población se redujo hasta estar por debajo de la veintena de individuos. ¿Por qué? En gran parte, por la pesca ilegal de totoaba, una especie endémica de México y protegida por ley. Este pez es muy apreciado en el mercado negro por sus supuestas propiedades curativas, y es capturado utilizando redes de trasmallo, prohibidas en muchos lugares. Es en ellas en donde animales como la vaquita marina quedan atrapados.

Créditos: Sea Shepherd Global.

La pesca incidental no es un problema que se limite a la pesca ilegal: en el Golfo de Vizcaya, Francia, miles de delfines mueren cada año en redes pesqueras. Sea Shepherd, en el marco de su Operación Dolphin Bycatch, está documentando está actividad con el objetivo de que el gobierno local intervenga y regule estas prácticas.

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La pesca industria ilegal también es un problema para las comunidades de pescadores artesanales que dependen del mar para subsistir. Durante el 2017, Sea Shepherd asistió al gobierno de Liberia patrullando la zona delimitada como exclusiva para la pesca artesanal, que muchas veces era violada por buques industriales. Algo similar sucede en Gabón, África central: en conjunto con las autoridades locales, Sea Shepherd recorre la zona costera del país, con voluntarios listos para inspeccionar a los barcos pesqueros que allí operan: desde 2016, al menos 140 fueron detenidos por operaciones ilegales.

Créditos: Sea Shepherd Global.

La pesca ilegal no es lo único que Sea Shepherd busca erradicar: la organización cuenta con campañas de investigación, y campañas contra la matanza de pequeños cetáceos en lugares como Taijí o las Islas Faroe, contra la industria nociva de la salmonicultura y contra la contaminación marina, entre otras.

Y no todo sucede en el mar: existe un equipo de voluntarios en tierra alrededor de todo el mundo realizando actividades educativas, de difusión y de recaudación de fondos. Es que como dice el fundador de Sea Shepherd, “si los océanos mueren, nosotros morimos”: la salud de los mares nos concierne a todos, y todos debemos involucrarnos en su protección.

Sea Shepherd está presente en países como Argentina, Brasil y España. Si quieres conocer más sobre su trabajo, colaborar o participar del voluntariado, visita sus redes o su página web global.