Tal vez ya lo sabes, pero si no es así, deberías saberlo: las dietas funcionan más bien poco. Es cierto que una dieta detox puede servirte para eliminar esos kilos extra que has acumulado el fin de semana, y a sentirte mejor; o que la dieta mediterránea te ayudará a sentirte más saludable y vivir más.

Pero las dietas restrictivas no funcionan en absoluto. El por qué es muy sencillo: porque tu cuerpo responde a ellas desacelerando tu metabolismo.

Así, si pasas de comer muchísimo a un plato de verduras al día, no sólo tendrás hambre. Además, tu cuerpo hará todo lo posible porque vuelvas a comer o, en su defecto, gastes la menor cantidad de calorías posibles.

Además de tener más hambre que nunca (pues son las señales que te envía el cerebro para que comas), sentirás más cansancio, el cuerpo andará más lento y, a la larga, sólo la pasarás mal y volverás a comer. Y más de la cuenta. El famoso “efecto rebote”.

Por eso, la mejor forma de mantenerte en un peso adecuado sin pasarla mal es escuchar a tu cuerpo. De eso se trata la alimentación intuitiva. Nadie mejor que él sabe lo que necesitas.

Si aprendes a darle a tu cuerpo justo lo que necesita (ni más, ni menos), te sentirás de maravilla, y también te verás muy bien. La alimentación intuitiva se trata, pues, de cambiar hábitos; pero sobre todo, de saber escuchar.

Esta es la guía rápida para que puedas empezar a practicar la alimentación intuitiva hoy mismo. Descubrirás que tiene muchos beneficios y que, en poco tiempo, te sientes mucho mejor en todos los aspectos.

1. Come cuando tengas hambre

Sí, parece obvio. Pero no lo es. Muchas veces comemos por pura inercia o aburrimiento, y otras muchas “aguantamos” el hambre hasta la hora “adecuada”. La idea de la alimentación intuitiva es comer en cuanto tengas hambre y sólo cuando tengas hambre.

Cuando sientas deseos de comer, pregúntate si es verdaderamente hambre. Si no puedes asegurarlo, es porque posiblemente no es hambre. Entonces, no comas.

Si tienes la certeza de que necesitas comer, come. No importa la hora o el lugar. Recuerda: tu cuerpo sabe mejor que tú cuándo es el momento de comer.

2. Come lo que tu cuerpo te pide

A veces comemos cuando tenemos hambre, pero no lo que necesitamos. Por eso, puede que sientas hambre de nuevo enseguida. El hambre es la manera que tiene tu cuerpo de decirte que te hace falta energía.

Pero por supuesto, que a veces podemos entender mal. Si crees que sabes lo que cuerpo te pide, imagínate comiendo eso. Si al imaginarlo sigues teniendo ganas de comerlo, cómelo. Sin reglas.

Cuando lo comas, trata de ser consciente del momento. ¿Lo estás disfrutando tanto como esperabas? ¿Realmente era eso lo que querías? Ese ejercicio te ayudará a ir aprendiendo a escuchar más atentamente los mensajes de tu cuerpo.

Si después de imaginarte varios alimentos, no te apetece realmente ninguno, tal vez no tienes que comer. Quizá necesitas un abrazo, llorar o dormir una siesta. No confundas el deseo de comer con otras necesidades de tu cuerpo y tu alma.

3. Descubre aquello que te hace comer (y no es hambre)

Una vez practicados los primeros dos pasos, seguramente ya has entendido que muchas veces comes sin hambre. Incluso comes cosas que ni siquiera te apetece comer.

Entonces, ¿Por qué comes? Sólo tú puedes responder esa pregunta, y su respuesta es una de las claves más importantes de la alimentación intuitiva.

Comer es para llenar el estómago. Todas las otras funciones que puede ocupar la comida en tu vida, tienen diferentes maneras de solucionarse. No es necesario que te trabes en esta parte del proceso.

Pero sí es importante que no olvides esta pregunta, pues un día lo entenderás y todo será mucho más fácil. Mientras tanto, sigue con las otras claves.

4. Disfruta la comida

Acabamos de decir que la función de la comida es mitigar el hambre. Pero nadie puede negar que la comida es, también, un gran placer.

La comida es rica, y tener la posibilidad de comer todos los días es una bendición. Entonces, disfruta cada bocado. Saborea. Siente las texturas, los sabores.

Mantén tu mente y tu cuerpo presentes a la hora de comer. Come despacio, gozando el proceso. Recupera esa vieja costumbre de agradecer el plato de comida que tienes enfrente.

No desperdicies ni un solo bocado de placer. Si disfrutas cada bocado como si fuera el último, serás más consciente de que comes suficiente y no te hará falta comer de más.

5. Deja de comer cuando no tengas más hambre

Lo hemos adelantado en el primer punto, pero vale la pena remarcarlo. Ni bien sientas hambre, come. Cuando sientas tu estómago lleno, detente.

Si has comido exactamente lo que deseabas y disfrutado cada bocado, es claro que este paso será mucho más sencillo de lo que parece. Simplemente, escucha y detente cuando sea necesario.

De todos modos, en cuanto sientas la necesidad de comer nuevamente, lo harás. Esa tranquilidad también te ayudará en este proceso de alimentarte de forma intuitiva.

6. Complementa con ejercicio

El ejercicio te ayudará a conectar con tu cuerpo, y también a acelerar tu metabolismo. Te ayudará a sentirte mejor física y psicológicamente, y hará mucho más sencillo el proceso.

No importa qué ejercicio elijas, no es necesario que sea de alto impacto. Lo ideal, eso sí, es hacer 40 minutos de ejercicio continuado, al menos 3 veces por semana.

Puedes dar un paseo largo, ir a una clase de baile o al gimnasio. Lo que te haga sentir mejor y más cerca de tu cuerpo. La idea es ampliar tu experiencia con tu cuerpo, acelerar el metabolismo y mejorar el proceso.

¿Qué piensas de la alimentación intuitiva? ¿Te gustaría intentarlo?

Fuentes:

Endangered Bodies