A principios del mes de septiembre, el Ministerio de Ambiente tomó la decisión de clausurar el Zoológico de Luján, luego de más de 20 años desde su apertura.

El Viceministro de Medio Ambiente de la Nación, Sergio Federovisky, afirmó que “las autoridades del Zoo incurren en incumplimientos desafiantes de las normas” establecidas para el cuidado y protección de los animales, y busca que el zoológico “se reconvierta y no siga explotando la peor faceta de la exhibición y el contacto con los animales”.

Desde mediados del año 2019, el Ministerio de Ambiente y Desarrollo Sostenible, emitió su primer advertencia, cuando cerraron celdas, recintos y jaulas en donde los visitantes podían alimentar y tocar todo tipo de animales desde elefantes, monos, guacamayos, hasta los grandes felinos como los leones y tigres.

La ley 12.238 de la Provincia de Buenos Aires, prohíbe el contacto directo entre el público y los animales dentro de los zoológicos, pero aun así, esta era la principal atracción del Zoo de Luján.

Luego de sucesivas visitas y controles, se concluyó que el Zoo no presentó los informes, inventarios y el plan de reconversión para lograr la habilitación en el ámbito municipal, provincial y nacional. Por lo que el pasado 27 de agosto, se les concedió la última oportunidad de hacer estos arreglos, pero nuevamente incumplieron.

Desde hace ya unos años, la sociedad busca otra relación con los animales y prioriza su cuidado y protección. Las marchas por el ambiente o las peticiones para proteger cierta especie en peligro de extinción son algunos de los movimientos que poco a poco fueron surgiendo.

El sitio Change.org presentó una petición que obtuvo más de 450.000 firmas, con el fin de frenar el sufrimiento “cotidiano, constante e innecesario” de los animales.

Muchos de nosotros fuimos de chicos a zoológicos. Ver a los animales de tan cerca era algo sorprendente, pero no comprendíamos la verdadera realidad. ¿Cómo vivían encerrados? ¿Recibían todos los cuidados y atención? ¿Cómo eran tratados? Ahora, siendo adultos, nos surgen todas estas preguntas y más, y el nivel de conciencia por la protección animal aumenta.

Visitantes dando mamaderas a leones o tomando paseos arriba de grandes elefantes, lleva a uno a pensar en que los animales debían de recibir algún tipo de calmante o droga. Lo cual hace de ese lugar, uno aún peor. Transformar este sitio en un tipo de recinto que vele por el bienestar animal, sería una gran iniciativa, e incluso de esa forma, se podrían mantener los puestos de trabajo.

Debemos pensar qué tipo de relación queremos tener con los animales. Si estamos a favor del maltrato y desatención, o si queremos brindarles un espacio en donde se sientan protegidos y cuidados. Estos animales ya no pueden vivir en su hábitat natural, libres, porque la gran mayoría no sobreviviría.

sin embargo, Juntos podemos hacer esfuerzo para brindarles un lugar en donde puedan llevar una vida mejor.