Conectar con nuestro propósito para vivir en autenticidad con nosotros mismos y con nuestro entorno. Encontrar la propia luz para brillar e iluminar a otros; ser inspiración. Puede sonar utópico y poco viable de llevar a cabo, sin embargo, si empezamos a escucharnos, observarnos y nos permitimos hacer espacio para la curiosidad, posiblemente descubramos que hay cosas para hacer que nos acercarán a ese sentido, motivándonos a desplegar una versión más genuina y elevada de nosotros mismos.

La invitación hoy es a explorar sobre nuestro propósito para dar los primeros pasos en un vivir con sentido que nos potencie a nosotros mismos y, a su vez, tenga un impacto colectivo; en las personas y el mundo que nos rodea.

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El llamado a despertar

Una primera pregunta disparadora para esta propuesta es: ¿Lo que estoy haciendo hoy me representa, me siento identificado y está alineado a mis deseos y objetivos de largo plazo? Cuando encontramos una sensación de incomodidad (instalada, no eventual) como respuesta a este interrogante es posible que estemos frente al llamado de nuestro despertar.

Allí se presenta la oportunidad de hacer una pausa y observarnos para habilitar la posibilidad de re-pensarnos. Dar respuesta a este primer cuestionamiento puede surgir a partir de otra pregunta: ¿Para qué hago lo que hago y cómo quiero invertir mi tiempo y energía?

Reflexionar acerca de esto nos conecta con el futuro, es decir, permite que nos visualicemos en dónde queremos estar, qué queremos estar haciendo y cómo queremos sentirnos, es decir, con qué experiencias queremos vincularnos. El para qué es la brújula que nos orienta en la toma de decisiones y en nuestro consecuente accionar para acercarnos a ese estado en el que nos vemos representados, construyéndolo desde nuestro presente.

Afianzar nuestro para qué es sumamente importante y necesario para lograr que sea el norte, es decir, lo que predomine, ante todo, y nos sirva para renovar el compromiso del camino que estemos transitando en tiempos difíciles.

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¿Por dónde comenzar?

Comparto algunas ideas para empezar a delinear el recorrido de un vivir conectado al propósito:

1. formular una declaración de identidad

El punto de partida está ligado a una instancia de reflexión e introspección para formular una declaración de identidad que responda a: quién quiero ser, cuál es mi misión y objetivos de largo plazo; qué tengo para dar y qué experiencias emocionales quiero vivir.

Las preguntas para profundizar en este punto pueden ser: ¿qué es lo verdaderamente importante y esencial en mi vida?; ¿cuáles son los valores que quiero que prevalezcan?; ¿lo que estoy haciendo hoy refleja esos valores?.

2. establecer un repertorio de acciones

La siguiente etapa apunta a establecer un repertorio de acciones: qué pequeños pasos puedo empezar a dar para acercarme a quien quiero ser y a lo que quiero lograr y de qué manera voy a hacerlo. Armar un plan detallado que incluya las acciones concretas y la especificidad de frecuencia de las mismas puede ser útil para examinar qué compromiso estoy dispuesto a asumir y tomar la responsabilidad de llevarlo a cabo.

3. llevar un registro emocional

Una vez que hayamos indagado y visualizado lo anterior, puede resultar útil hacer un seguimiento y llevar un registro emocional a lo largo del proceso: ¿cómo me voy sintiendo con lo que estoy haciendo?; ¿está alineado a mi declaración primaria?; ¿qué me resulta funcional y quiero mantener?; ¿qué es necesario incluir y/o dejar de hacer?.

feedback positivo

La elección y repetición de acciones de forma consciente, se transformará en comportamientos habituales que formarán parte de quienes somos y, probablemente el resultado sea acercarnos a una vida más armónica y congruente entre lo que pensamos, sentimos y hacemos. Entonces, preguntarnos qué es lo esencial para cada uno y trabajar para que eso prevalezca es lo que nos hará sentir vivos y eso es justamente lo que el mundo necesita.

Eso sí: para transitar este camino de autodescubrimiento, será necesario incursionar en un proceso de aprendizaje y apertura que implica conocernos, aceptarnos y transformarnos en la medida que pretendamos hacerlo.

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¿Y tú, ya estás listo para asumir esta responsabilidad y emprender el viaje?