Históricamente hemos escuchado frases como “no estés triste”, “no tiene sentido enojarse”, “no seas tan miedoso” limitando nuestro espectro emocional. Como si las emociones felices fueran las únicas permitidas y mejor olvidar, tachar o suprimir las emociones que nos producen malestar. Las emociones en sí mismas no son ni buenas ni malas, ya que nos están ayudando a hacer consciente lo que nos sucede frente a determinada situación.

Esta confusión surge debido a que muchas categorizaciones de autores y autoras consideran a las emociones como positivas y negativas según lo que generan en las personas. Es decir, de modo simplista podría entenderse que emociones como la alegría y la calma son emociones positivas así como la tristeza y el enojo son emociones negativas. Es importante aclarar que esta clasificación no alude al valor de las mismas, en cuanto a si es positivo o negativo sentir esas emociones.

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Todas las emociones son necesarias ya que nos brindan información valiosa

Algunas emociones como el amor, la alegría, la tranquilidad y la sorpresa resultan placenteras, ya que nos generan sensaciones favorables, que la mayoría de las personas disfruta sentir. Otras emociones son displacenteras, ya que generan desagrado como el asco, la ira, el miedo, la envidia, etc.

Al denominarlas positivas o negativas muchas personas confunden su valía, que son buenas o malas para nuestro cuerpo. Sin embargo resulta necesaria esta diferenciación para que podamos adoptar otro tipo de balanza: placenteras vs. displacenteras.

¿Qué nos dicen las emociones displacenteras?

Las emociones displacenteras son tan vitales como las placenteras, nos están advirtiendo de que estamos ante una amenaza. Veamos cómo funciona:

-En la tristeza, podríamos estar frente a la amenaza de una pérdida, de un duelo que transitar.

-Cuando sentimos miedo tal vez se deba a que peligra nuestra vida, nuestra salud, nuestra integridad.

-Cuando sentimos enojo podríamos sentir amenazada nuestra autoestima, nuestra credibilidad, nuestros valores.

-La preocupación podría deberse a una amenaza en nuestra sensación de bienestar, de seguridad.

-Cuando sentimos humillación podría verse amenazada nuestra confianza, nuestra sensación de cuidado y de amor.

Esa información que nos brindan hace que las emociones sean adaptativas, nos permiten adaptar nuestra respuesta a lo que sucede y a lo que intrepretamos de lo que sucede.

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los tres componentes de las emociones

Las emociones son reacciones espontáneas a diferentes estímulos que se presentan a lo largo de nuestro día, semana y vida. Las emociones tienen tres componentes: neurofisiológico, conductual y cognitivo.

Cada componente nos brinda información a distinto nivel:

El neurofisiológico se manifiesta en respuestas corporales, tales como taquicardia, sudoración, tono muscular, etc.

El conductual alude a las expresiones faciales, a las acciones realizadas, a lo expresado en el lenguaje (verbal y no verbal), etc.

El cognitivo refiere al sentimiento, a la vivencia subjetiva, nuestra percepción sobre ese hecho o acontecimiento.

De este modo queda en evidencia la cantidad de información que pueden darnos las emociones, la cual variará según nuestra subjetividad.

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Veamos ejemplos acerca de lo valioso de esa información:

-La tristeza nos permite llorar y desahogarnos, resguardarnos, reflexionar, reconocernos vulnerables.

-El miedo nos permite huir, protegernos e incluso defendernos.

-El enojo nos permite poner límites y defendernos.

¿Qué hacer con esta información?

Claramente no existe una respuesta única a esta pregunta, ya que cada quien accionará acorde a la situación particular que esté atravesando y su experiencia subjetiva.

Sin embargo, la información que nos otorgan las emociones nos permiten actuar y responder de manera más genuina y adaptativa con nosotrxs mismxs. Para esto es importante aprender a decodificar el lenguaje emocional, ejercitar nuestra inteligencia emocional con el fin de incrementar nuestra asertividad en la respuesta.

Sentir emociones desagradables o displacenteras es parte del vivir. No existe persona que transite sus días sin sentir tristezas, temores, enojos, frustraciones o culpas. Se trata de momentos, todos y todas tenemos esos momentos. El intentar suprimir, negar, luchar contra ellas no te ayudará a que se vayan rápido, ya que el ciclo emocional no funciona de ese modo. No es posible controlar la emoción.

Cuando comprendemos que ser personas implica atravesar tanto situaciones agradables como desagradables que trae la vida, nos abrimos a la validación emocional. Damos por válido, por posible tener sensaciones “negativas” hacia unx mismx, hacia las demás personas o hacia alguna situación o hecho en particular.

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El primer paso es reconocer lo que nos sucede, lo que sentimos. Una vez que podemos ponerle nombre e identificar lo que nos pasa, podemos validarlo. Al quitarle juicio y valor nos predisponemos a sentirlas, a transitarlas, a reconocerlas como propias. De eso se trata la validación.