Con treinta y tres años de inmersión en el estudio, práctica y enseñanza de filosofías y técnicas para el desarrollo personal, puedo asegurar que este es el momento en que percibo mayor interés, a nivel mundial, en las técnicas de mindfulness y meditación.

En realidad, lo que crece en el ser humano es la necesidad de conocerse más, decidiendo el rumbo a seguir y recuperando mayor libertad. La meditación es una tendencia que se fortalece en este siglo XXI.

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Principalmente, personas jóvenes me cuentan que, aunque se encuentran en una situación exitosa conforme los parámetros habituales, sienten un estado o tendencia a la ansiedad. Una sensación de estar fuera del centro, y la percepción de que sus días transcurren en una especie de acelerado vivir viviendo. Como consecuencia, desean saber qué es la meditación, con la expectativa de que pueda ayudarlos a estar más enfocados y contentos con su vida.

Hablemos, entonces, de meditación. Constituye una de las más poderosas y efectivas técnicas para lograr creatividad, reflejos rápidos, capacidad de adaptación, intuición. En consecuencia, una percepción del mundo con mayor sentido de realidad. En resumen, la meditación es un estado de superconciencia, de inteligencia expandida e intuición lineal.

Para empezar, quiero aclarar una confusión que existe sobre esta técnica: el nombre que la designa. El término meditar, en cualquier lengua occidental, significa pensar fijamente en algo o reflexionar sobre una idea, pero en realidad el estado que se busca conquistar requiere inhibir o detener la inestabilidad del pensamiento, ampliando la conciencia y el autoconocimiento.

Es decir que el nombre usado designa exactamente lo opuesto a lo que se pretende obtener. La denominación original es dhyána, palabra sánscrita que podemos traducir como intuición lineal, en vez de la palabra meditación en su sentido occidental.

Todos tenemos intuición, pero esta capacidad humana está olvidada, al punto que, si experimentamos un flash de intuición, generalmente lo dejamos pasar sin darle crédito y valoramos más lo que surge es la tendencia al análisis mental o lógico.

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Desarrollar la intuición es activar la vía más certera y rápida para tomar decisiones sin pasar por el proceso del intelecto, más lento e influido por condicionamientos previos, o paradigmas que limitan y no fortalecen la apreciación de los hechos.

Linus Pauling, premio Nobel de Química en 1954 y de la Paz en 1962, declaró en una entrevista que en la mayoría de los casos los científicos ya conocen las respuestas por medio de la intuición y que después deben investigar para demostrarlas.

Esta nueva tendencia está muy bien descrita en la película El hombre que conocía el infinito, que relata la historia verídica del matemático de origen indio Srinivasa Ramanujan quien rompió barreras y estereotipos socioculturales ingresando como investigador a la prestigiosa Universidad de Cambridge.

Era un autodidacta, sin formación académica, que utilizaba únicamente la vía intuicional. Hizo enormes aportes en varios campos de la matemática, muchos de los cuales todavía continúan vigentes y abren nuevas tendencias.

El ejercicio de meditación comienza con una etapa de concentración profunda, de atención plena o mindfulness, que conduce a un estado de saturación de la mente que, llegado el momento, desembocará en la meditación.

Con el entrenamiento, ese primer flash de intuición se fortalece y pasa a un estado de intuición lineal y conciencia expandida, en el cual se elevan notablemente la creatividad y la capacidad para tomar decisiones inmediatas, con soluciones innovadoras.

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Meditar es un estado hiper-dinámico que nos lleva a reducir las inestabilidades del pensamiento y la conciencia, para así poder analizar los hechos con menor influencia de los condicionamientos. Nos permite potenciar nuestras capacidades, insertarnos en el mundo real y avanzar hacia el autoconocimiento.

Esta meditación es la llave para abrir la puerta hacia un futuro que ya llegó.